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Generalidades
Los mamíferos marinos constituyen íconos importantes para la conservación del ambiente marino. Las amenazas que éstos enfrentan y por ende sus problemas de conservación, han ido variando en intensidad con el correr del tiempo. La caza comercial de ballenas ha representado uno de los problemas más críticos desde el siglo XVIII. Actualmente una de las amenazas que crece dramáticamente es la captura incidental en redes de pesca. Además, como resultado del incremento global de la población humana, los mamíferos marinos enfrentan nuevas amenazas como ser la polución y el cambio climático, desconociéndose con certeza sus efectos sobre aquellos. Las posibles soluciones a éstos y otros problemas debe efectuarse mediante el desarrollo de programas de conservación holísticos, implementados institucionalmente, teniéndose como objetivo el uso sustentable del recurso y la manutención de los hábitat naturales.
Algunas amenazas y ejemplos de uso NO sustentable del recurso
Explotación directa
La caza industrial de ballenas y la captura de pequeños y medianos cetáceos tanto para consumo humano, fabricación de raciones para animales domésticos, y como carnada en pesquerías (ej: pesca de cangrejo en Perú), ha sido mantenida debido a la existencia de una demanda tanto a nivel nacional como internacional, muchas veces vinculada a problemas socio-económicos de países no desarrollados. Debido a la falta de controles e implementación de soluciones, la demanda de dichos productos aumentó, y la sobre-explotación condujo al declive de gran parte de las poblaciones de las especies objetivo. En el caso de las grandes ballenas, la reducción masiva de sus poblaciones ha sido bien documentada (especialmente a partir de 1946 por la Comisión Ballenera Internacional), pero en el caso de los pequeños y medianos cetáceos, el tema ha sido menos estudiado debido a la irregularidad de la industria y a los problemas sociales y políticos relacionados, por lo que se desconocen los estados previos y actuales de varias poblaciones sujetas a la captura comercial.
Tanto el complejo ciclo de vida de los cetáceos (alta longevidad y baja tasa reproductiva) como las dificultades logísticas para monitorear sus poblaciones y obtener datos certeros sobre las tendencias de las mismas, dan como resultado que la industria de la caza comercial se desarrolle de forma NO sustentable. Debido a esto, en 1982 la Comisión Ballenera Internacional (IWC) decidió implementar una moratoria en la caza comercial de las grandes ballenas a partir del año 1986, con el fin de generar información suficiente para asegurar la persistencia del recurso en las generaciones venideras. Como la IWC no presenta injerencia sobre la captura comercial dirigida a pequeños cetáceos, tanto los Gobiernos de las naciones involucradas como instituciones públicas y privadas deberían implementar programas de manejo adecuados.
Posibles soluciones
Medidas para regular la captura directa de pequeños cetáceos:
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Determinar stocks poblacionales, realizar estimaciones de abundancia y evaluar otros problemas que afecten a la población además de la captura directa; |
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conocer exactamente el número de captura, específicamente por sexo, edad relativa o estadio de vida; |
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Establecer cuotas de captura; |
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asegurar que lo gobiernos involucrados implementen soluciones a partir de estudios científicos y realicen una apropiada coordinación con países vecinos en el caso de especies migratorias o recursos compartidos; |
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regular las capturas en aguas internacionales por parte de un organismo internacional, como la Comisión Ballenera Internacional (IWC); |
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orientar la explotación sustentable de mamíferos marinos hacia el turismo de avistaje. Esta actividad ha sido planteada como una alternativa a la actividad ballenera y como una herramienta para la conservación de los cetáceos. Si bien es poca la evidencia sobre posibles efectos negativos a largo plazo, el monitoreo científico de esta actividad es necesario para asegurar que el mismo se desarrolle de forma sustentable. |
En el caso de las grandes ballenas, la IWC elaboró un nuevo procedimiento (Procedimiento Revisado de Manejo) para lograr que la captura sea sustentable. Éste propone medidas precautorias, como ser la protección absoluta para los stocks de ballenas que hayan disminuído un 54% respecto a su tamaño poblacional previo a la explotación comercial. Los stocks a explotarse deben mantenerse en equilibrio, con un 72% de los valores poblacionales iniciales. El procedimiento también incluye estudios sobre la capacidad de carga durante la explotación comercial, degradación y pérdida del hábitat (especialmente áreas cubiertas de masas de hielo).
Mortalidad incidental
El efecto de la captura incidental en el declive de las poblaciones de cetáceos fue reconocido en la década de 1960, cuando se estimó la mortalidad de delfines del Pacífico Tropical Oriental en 7 millones desde 1950, durante la pesca del atún con redes de cerco.
La proliferación de redes de pesca sintéticas alrededor del mundo ha hecho que actualmente éste sea un problema extremo para las poblaciones de mamíferos marinos en general. Las estimaciones de mortalidad y su tasa son difíciles de obtener, especialmente en países en desarrollo donde las extensas pesquerías artesanales representan un papel importante a nivel social y económico.
En muchos casos los animales son descartados en el agua, perdiéndose completamente el recurso. En otros casos, como en comunidades costeras de Perú, Sri Lanka y Filipinas el hecho de comercializar las especies que quedaban enmalladas accidentalmente fomentó la captura directa de cetáceos.
Actualmente uno de los grandes problemas del ecosistema marino es la pesquería industrial de gran escala, con alta tecnología, y con diversos métodos y artes de pesca dependiendo de las especies objetivo. Como ejemplo, las pesquerías de arrastre de fondo no sólo destruyen el ambiente bentónico (base de la sustentabilidad de los océanos), sino que capturan todo lo que se encuentra a su paso. Esto resulta en el descarte de toneladas de especias capturadas de forma incidental, con efectos devastadores en la cadena trófica marina. Es de conocimiento general que la pesca industrial de alta tecnología está afectando gravemente a las poblaciones de peces, ya que las altas tasas de captura no permiten el reclutamiento adecuado de juveniles. Un 70% de los stocks de peces marinos han colapsado (ej: anchoa en Perú) debido a la sobre-explotación, o se encuentran en lenta recuperación. Se desconoce con exactitud las consecuencias de esta industria en las poblaciones de cetáceos, pero se estima que es una gran amenaza debido a la disponibilidad de alimento y a la destrucción del hábitat, además de otros efectos indirectos.
Posibles soluciones
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Implementar técnicas de pesca alternativas adaptadas a las diferentes situaciones y comunidades costeras;
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usar alarmas acústicas en las redes de pesca, lo que ha demostrado ser efectivo en la reducción de la captura. Los efectos a largo plazo en la utilización de este método son desconocidos, aunque se ha planteado que podría ahuyentar a los cetáceos de sus áreas de alimentación; |
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desarrollar programas para el rescate de especies amenazadas varadas, con el fin de su rehabilitación y posterior liberación; |
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desarrollar métodos de escape de la redes para pequeños cetáceos (ej: TED turtle excluding devices o SLED Seal excluding device). |
Cambio climático global
Es de consenso general que el clima de la Tierra está cambiando sistemáticamente como respuesta a las actividades humanas. Estos cambios virtualmente afectan a toda la vida, incluyendo a los mamíferos marinos. Los dos cambios principales constituyen incrementos en la radiación ultravioleta causada por la disminución de ozono en la atmósfera (particularmente como resultado del transporte de clorofluorocarbonos antrópicos a las capas superiores de la atmósfera) y calentamiento del planeta resultado del incremento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Como resultado general, el incremento de radiación ultravioleta puede afectar a todas las formas de vida directa e indirectamente, especialmente a los que habitan en áreas con agujeros de ozono en la atmósfera; también puede contribuir al derretimiento de los hielos polares, incrementándose el nivel del mar, su temperatura y afectando las corrientes marinas. Se piensa que para el año 2030 ocurrirán cambios radicales de las zonas biogeográficas debido al derretimiento de los polos, con el consecuente aumento de nivel de los océanos. Las especies de los diferentes ecosistemas tendrán relativamente poco tiempo para ajustarse a los cambios. El equilibrio se alcanzará quizás después de varios siglos, y con una biodiversidad sumamente empobrecida. En el ambiente marino los cambios en frecuencia e intensidad de los factores y fenómenos ambientales serán muy extremos. Como resultado de esto los cambios en los patrones de precipitaciones, cambios en la frecuencia, magnitud y distribución geográfica de las tormentas tropicales, aumento de la temperatura y nivel del mar, tendrán un gran efecto sobre la vida en la Tierra. Cabe destacar que un clima cambiante puede acarrear grandes variaciones en las corrientes y mareas oceánicas, lo que afectaría la distribución de la productividad de los océanos, la composición de las comunidades de los ecosistemas marinos, y la disponibilidad de alimento para las diferentes especies. Con respecto a los mamíferos marinos, esto implicaría cambios concretos en la distribución geográfica, disturbios en las zonas específicas de alimentación y reproducción (ballenas migratorias), y cambios fisiológicos y de comportamiento.
Contaminación marina
Contaminación por fertilizantes y agroquímicos
Los residuos de fertilizantes nitrogenados y agroquímicos arriban a los cuerpos de agua a partir de su filtración a las aguas subterráneas, llegando finalmente a las costas marinas. El uso excesivo de fertilizantes nitrogenados causa eutrofización del ambiente acuático debido al exceso de nutrientes, con el consecuente incremento de poblaciones algales nocivas en superficie y muerte del resto de los organismos en la columna de agua, causando mal olor en lagos y áreas costeras. Con respecto a los plaguicidas, muchos contienen metales pesados tales como cadmio, plomo y mercurio, los que son extremadamente tóxicos y solubles en grasas. Esta propiedad particular hace que se acumulen en los tejidos biológicos, en cantidades cada vez mayores a medida que se escala en la cadena alimenticia (biomagnificación). Como ejemplo, el plancton marino asimila pequeñas cantidades de toxinas disueltas en el agua, las que son transmitidas a los consumidores primarios (peces) y a los tejidos de los consumidores secundarios (mamíferos marinos) y luego a los depredadores tope, como la orca y la foca leopardo. Es importante mencionar que los animales adultos machos tienden a acumular más cantidad de toxinas en su tejido adiposo e hígado, ya que las hembras transmiten dichas sustancias a las crías vía lactancia. Algunos efectos de estos contaminantes son la muerte prematura de las crías, supresión del sistema inmunitario, y disminución en la fertilidad de las hembras. En la Columbia Británica (Canadá) se han observado dichos efectos en una población de orcas y en humanos, ya que ambos se alimentan de salmones, peces de alto contenido graso.
Contaminación por residuos plásticos
Las áreas marinas costeras se encuentran bajo una alta presión antropogénica, ya que más del 50% de la población mundial habita en zonas adyacentes a éstas. Diariamente se vierten en el mar toneladas de basura por parte de las compañías terrestres de manejo de desechos y embarcaciones comerciales, militares, científicas y privadas. Cada año miles de mamíferos marinos mueren al ingerir o verse enredados en desechos humanos, especialmente plástico.
Contaminación por petróleo
Las áreas marinas están constantemente amenazadas por derrames naturales y artificiales de petróleo, además de los residuos generados por los barcos petroleros que al descargar sus tanques los limpian con agua de mar.
Contaminación acústica
Los animales marinos emiten sonidos para desplazarse en el espacio tridimensional en el que habitan y que utilizan para alimentarse, reproducirse, evitar depredadores, y comunicarse entre ellos. Existe amplia evidencia científica de que la acumulación excesiva de sonidos antropogénicos puede causar efectos adversos en los animales marinos, desde molestias a daños, inclusive la muerte.
Desde los albores de la Revolución Industrial a fines del S. XVIII, el sonido oceánico se ha incrementado. En los últimos 60 años se ha duplicado en cada década, debido al ruido constante de las embarcaciones de carga, construcciones de plataformas marinas o muelles, uso de sonares y explosiones en actividades militares, comerciales, investigación y experimentos de acústica oceanográfica (especialmente los operados por largos períodos de tiempo).
Aunque estos sonidos afectan a los mamíferos marinos en general, los efectos del uso de pistolas de aire comprimido para la realización de estudios geofísicos y la búsqueda submarina de petróleo y gas natural, junto con los sonares militares de frecuencia media (2-10kHz), resultan letales para los zífidos, ya que son cetáceos odontocetos que se alimentan en aguas muy profundas y presentan un patrón característico de buceo. Como resultado de esto, los animales mueren debido a una embolia gaseosa y lipídica, además de hemorragias en los órganos internos. Actualmente, la Coalición Internacional para el Ruido Oceánico está realizando esfuerzos para la implementación de la "Ley del Mar" por las Naciones Unidas.
Por otro lado, es necesario que cada país se comprometa a controlar las actividades de exploraciones submarinas, ya que muchas veces a pesar de existir legislación que protege a los mamíferos marinos, no se realizan controles efectivos. Frente a esto, los gobiernos deberían asegurarse de que en cada embarcación de este tipo existan científicos especializados para realizar monitoreos acústicos pasivos, realizar observaciones de mamíferos marinos, e impedir las maniobras en presencia de éstos.
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